Ruta del Cares, Poncebos – Caín – Poncebos


Nos levantamos a las 8, desayunamos y nos pusimos en camino dirección Poncebos. En coche tardamos una hora en llegar allí. Hacía un día precioso, sin apenas nubes en el cielo y prometía ser caluroso.


La Ruta del Cares es sencilla pero larga, aproximadamente unos 10 km. de ida y otros tantos de vuelta, la altura máxima es de unos 567 metros y el desnivel máximo está sobre los 325 mts. Nosotros salimos desde Poncebos, al principio encontramos una fuerte y estrecha subida de unos 40 minutos de duración, apenas 3 km., al llegar a la cima hay unos carteles que explican los orígenes de la ruta del Cares, interesante lectura y una buena manera de descansar sin que se te vea hecho polvo por la subida 😛 A partir de aquí el camino se ensancha y continua sin pendientes hasta Caín.


Es importante, sobre todo si se hace la excursión en verano, llevar una buena provisión de agua pues la del canal no es potable y el calor se hace insoportable, sin que apenas corra una pizca de aire. Nosotros llevábamos 2 l. de Aquarius cada uno y al final tuvimos que racionalizarla porque sino se nos hubiera acabado antes de llegar a Poncebos.


De todas formas en Caín hay muchos bares por lo que siempre se pueden comprar allí. También es importante ir al baño antes de empezar a caminar ya que durante el trayecto no hay ningún sitio apropiado y “recogido” para hacerlo y bebiendo tanta agua puede llegar a ser un problema 😛 Es curioso pasar por lo pequeños túneles excavados en la roca que se pueden encontrar a lo largo del recorrido y que además nos permiten disfrutar de algo de fresco y sombra, tan escasos en esta excursión.


Tomé el track pero al pasar por las cuevas perdí la cobertura varias veces y quedó hecho un churro :/ así que paso de ponerlo, total, no tiene pérdida :P. Llegamos a Caín 2 horas y media más tarde, nos dimos una vuelta por el pueblo donde hice esta panorámica y después buscamos un sitio en el río para comernos los bocatas, pan bimbo con paté La Piara, pedazo de almuerzo eh!


Una vez saciada nuestra hambre y sed y refrescados los piecitos nos embadurnamos de protector solar e iniciamos la vuelta. Tardamos lo mismo que a la ida pues íbamos a muy buen ritmo. El tramo de la subida se hizo un poco duro por que el sol estaba cayendo a plomo y no corría ni pizca de aire, pero eso no afectó al tiempo final. La verdad es que hubiéramos agradecido una cuantas nubes en el cielo e incluso un pequeño chubasco habría estado bien 🙂



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