Nos Vamos al Tibidabo!

La primera salida de este año la hicimos por Collserola siguiendo el itinerario nº 3 del mapa de la Alpina con la excepción de que llegamos hasta el Tibidabo y volvimos.

Quedamos con Jordi y Montse en Sant Cugat, en la Av. de les Corts Catalanes cerca del Camí de Can Borrell, que era desde donde empezaba la ruta. Por allí también pasan el GR-173, circular por la comarca del Vallès Occidental, y el GR-6 que va de Barcelona a Montserrat.

Tomamos la pista que lleva a la Masía Can Borrell y que pasa por el Pi d’en Xandri recorriendo, en paralelo, la riera de Sant Medir. Unos 30 minutos después llegamos a la parte posterior de la masía (donde hay un pequeño estanque) y giramos hacia la izquierda bajando hacia el Forn Iberic y Sant Adjutori. Apenas 300 metros más tarde nos desviamos por un sendero a la derecha en dirección a Can Ribes y el Tibidabo. Hay que ir al tanto, sobre todo en los pasos estrechos, con los ciclistas ya que bajan muy deprisa y apenas hay tiempo o espacio para esquivarlos.

Llevábamos unos 15 minutos por allí cuando vimos un indicador a la derecha que llevaba al Pantà de Can Borrell, por donde pasaríamos a la vuelta. Seguimos el camino hasta llegar al Viaducto de Can Ribes situado en la Serra de l’Arrabassada y desde donde se puede ver, si el día es claro, Montserrat, las Ruinas del Antiguo Casino de l’Arrabassada y algunas casas señoriales.

Este viaducto fue construido entre 1908 y 1909 y se utilizaba como vía de acceso a una edificación que nunca se terminó. Tiene unos 85 metros de largo, 19 de alto y 5,7 de ancho. Poco después se puede ver Can Ribes, (en la actualidad Casa d’Oficis Can Ribes) y pasada la carretera las ruinas de Can Torres.

Caminamos un tramo paralelos a la carretera por su parte izquierda. Muy cerca, en el lado derecho había un indicador, cruzamos con cuidado y vimos que llevaba a Can Cortés, Les Planes y el Tibidabo, lo seguimos en dirección al Coll de la Vinassa. Una vez llegamos, nos desviamos hacia la izquierda hasta llegar a la Ctra. de Sant Cugat (BP-1418), la cruzamos y giramos a la derecha en dirección a los Vivers de Can Borni donde habíamos quedado con Tere y Miguel para subir al Tibidabo.

No habíamos hecho más que sentarnos cuando los vimos llegar y después de los saludos de rigor volvimos sobre nuestros pasos hasta llegar de nuevo al Coll de la Vinassa.

Tomamos el Cami de Sant Cugat, pasamos por Can Tano y continuamos hasta llegar al Camí de Cal Toxo por donde torcimos a la izquierda y al llegar al final de la calle viramos de nuevo a la izquierda y continuamos hasta llegar a la cima del Tibidabo.

“Un poco de historia:

La montaña del Tibidabo forma parte de la sierra de Collserola y es su cumbre más alta con 512 metros. En 1283, el rey Pere II la señaló como uno de los límites de la ciudad. Durante el período medieval se la conocía como Puig de l’Àliga, pero fueron los monjes residentes en el monasterio de Sant Jeroni quienes le dieron el nombre del Tibidabo en s. XVI, palabra extraída del Evangelio de San Mateo, formada por los vocablos tibi y dabo, que significan “te daré”.


En 1886 se edificó en la cima una pequeña capilla dedicada al Sagrado Corazón. Dos años más tarde y con motivo de la Exposición Universal, se abrió el último tramo de carretera hasta el Tibidabo, donde se alzaría un pabellón de estilo árabe para alojar a la reina Mª Cristina durante su visita. En 1899, promovido por Salvador Andreu i Grau, se creó un tranvía, un funicular y un gran parque de atracciones.


Las obras empezaron a mediados de 1900 y en octubre de 1901 se inauguraban la avenida, el tranvía y el funicular (el primero de estas características en el Estado Español, obra del ingeniero Bonaventura Roig).

La respuesta de los barceloneses fue entusiasta; por primera vez podían acceder con comodidad y rapidez a la cima de la ciudad y disfrutar de una panorámica excepcional y casi desconocida. Si bien los primeros visitantes correspondían mayoritariamente a la clase elitista, poco a poco el parque se popularizó y surgieron las primeras diversiones, actos y espectáculos, así como cafés y restaurantes.”

Llegamos a la plaza por donde se accede al recinto y lo primero que vimos fue el Templo y la imagen del Sagrado Corazón en lo alto, con los brazos abiertos, dándonos la bienvenida. Subimos por las escaleras, del lado derecho, que llevan hasta la terraza superior y que nos conducen hasta la ermita primitiva del año 1886.

Tuvimos mucha suerte ya que el día estaba bastante claro y las vistas desde allí eran estupendas.

En el interior del templo me llamaron la atención los escudos de Pio XII y de las naciones Hispanas, 24 en total, dispuestos en el interior de la basílica así como el rosetón y las vidrieras.

Bajamos por las escaleras del lado izquierdo y volvimos por el mismo camino: Camí de Cal Toxo, Can Tano, Camí de Sant Cugat, Coll de la Vinassa y carretera de l’Arrabassada donde dejamos a la derecha la pista que lleva hasta Sant Medir y continuamos por la de la izquierda hasta llegar, casi media hora después, al indicador que señalaba el Pantà de Can Borrell. Seguimos por la pista de la izquierda y unos pocos metros más tarde nos desviamos a la derecha por una senda estrecha y en ocasiones poco marcada pero aunque no lo parezca, el sendero está ahí!

Un buen punto de referencia lo tenemos en los restos de este coche, que encontramos enterrado entre la maleza o algunos árboles caídos que nos ayudaron a hacer ejercicio…

Por fin el sendero se hizo más ancho y escuchamos gritos de niños jugando a lo lejos. A mano izquierda se abrió un pequeño claro donde se podía ver, a poca distancia, el Nucli Zoològic Cal Castillo, un pequeño espacio natural donde los niños pueden estar en contacto con los animales.

Poco después giramos hacia la izquierda, cruzamos un pequeño riachuelo y llegamos a un tramo más amplio donde hicimos un pequeño quiebro a la izquierda para darle un cariz más aventurero a la ruta y descendimos por un pequeño “barranco” para continuar bordeando el “Pantà de Can Borrell” por su lado izquierdo hasta que finalmente vimos la pared de la presa y nos acercamos a verla.

Como anécdota, en el 2006, una familia que paseaba por allí encontraron, en las aguas del pantano, un pequeño caimán de 90cm de largo.

Continuamos nuestra ruta retomando el sendero que habíamos utilizado para bajar, pero esta vez en sentido contrario, hasta que alcanzamos el camino y 10 minutos más tarde llegábamos de nuevo a Can Borrell, lo rodeamos y tomamos un trozo de pista del GR-173 para dejarlo a los pocos metros y desviarnos a la izquierda en dirección al Turó de la Torrefera. Como era la hora de comer encontramos muchos coches que iban al restaurante y no me extraña! por que feia una oloreta a carne a la brasa…

Un poco antes de llegar a Torre Cendrera nos desviamos de nuevo hacia la izquierda. Por este trozo es habitual ver jinetes paseando con sus caballos ya que la ruta pasa por el Centro Hípico Can Caldes. En 5minutos llegábamos al coche y de ahí a casa.







Mapa de la Zona y Track

Gráfica de la Subida